¿Qué es la lipidosis hepática felina?

Es una de las hepatopatías más frecuentes en gatos, generalmente producida como consecuencia de ayunos prolongados derivada de la presencia de patologías médicas y/o situaciones de estrés, teniendo una mayor predisposición a sufrirlo los gatos con sobrepeso.

Esta patología consiste en una acumulación anormal de grasa en el hígado, en una cantidad suficiente como para provocar alteraciones en la funcionalidad hepática.

La lipidosis puede clasificarse como:

  • Lipidosis hepática primaria idiopática: han estado durante un período prolongado de tiempo en ayunas, pero tras la realización de las pruebas necesarias, no se han identificado enfermedades subyacentes.
  • Lipidosis hepática secundaria: producido por cualquier patología (alteraciones endocrinas, renales, gastrointestinales, hepáticas, cardiacas o mecánicas) que desemboque en un cuadro de anorexia (estrés, dolor, fiebre, procesos infecciosos/inflamatorios, etc.) y/o déficit de nutrientes.

Síntomas

Los signos clínicos que podremos observar dependerán de las enfermedades subyacentes, la acumulación de toxinas sanguíneas ante la pérdida de funcionalidad hepática y las alteraciones electrolíticas. Por todo ello, los signos clínicos son muy variopintos, pudiendo destacar:

  • Anorexia, debilidad, pérdida de peso.
  • Vómitos, diarreas, deshidratación.
  • Ictericia y alteraciones neurológicas.
  • Ventroflexión cervical, postración.

¿Qué pruebas son necesarias para su diagnóstico?

Para llegar al diagnóstico de Lipidosis hepática primaria idiopática se deben descartar todas las posibles causas médicas que hayan desembocado en la anorexia de nuestra mascota. Por ello, se necesita una analítica general completa, ecografía abdominal, urianálisis, pruebas pancreáticas y T4 en gatos de 7 – 8 años en adelante.

Hay otras pruebas que serán necesarias según los signos clínicos y los hallazgos obtenidos en las anteriores pruebas mencionadas, como son las mediciones sanguíneas de cobalamina, fructosamina, pruebas de coagulación (prolongados en torno al 50% de los animales) y otras pruebas endocrinas.

A pesar de que todas estas pruebas serán necesarias para descartar problemas secundarios derivados de una patología subyacente o una patología concreta como causa de la lipidosis hepática, para obtener nuestro diagnóstico definitivo, necesitaremos de una biopsia hepática. Este procedimiento es invasivo, requiriendo de una anestesia general y puesto que inicialmente llegan a nuestro centro descompensados, una vez estabilizados se suele optar por la toma de muestras hepáticas con una punción – aspiración con aguja fina, proporcionándonos en muchas ocasiones un diagnóstico presuntivo compatible y casi confirmativo de lipidosis hepática, cuando más del 50 – 80 % de los hepatocitos presentan vacuolas lipídicas citoplasmáticas.

¿Cómo se trata esta enfermedad?

Para el tratamiento de la lipidosis en gatos, además de tratar específicamente la patología inicial si la hubiera, la alimentación y la hidratación son los 2 pilares fundamentales.

La mayoría acuden con deshidrataciones importantes que deben ser corregidas.

El dolor y la necesidad de analgesia específica para reducir el malestar, suele ser indicativo de la presencia de alguna patología subyacente, puesto que la lipidosis hepática primaria idiopática no cursa con dolor abdominal.

En cuanto al manejo nutricional, necesitaremos en la gran mayoría de los animales, la colocación inicialmente de una sonda nasoesofágica / nasogástrica para empezar a alimentarles lo antes posible, pasando de una mortalidad de en torno un 90% si no se implementa, frente a un 20 – 40% en caso de hacerlo.

La dieta de elección en estos casos debe ser ricas en proteínas, siendo las más eficaces para reducir el lípido hepático al ser esencial para eliminar el balance nitrogenado negativo. Siempre empezaremos administrando 1/3 o ¼ de los requerimientos energéticos distribuidos en 6 – 8 tomas cada 24 horas, para ir aumentando dicha pauta cuando vaya tolerándolo.

Una vez se encuentran estables y están tolerando la alimentación sin problemas, será sometido a una anestesia general para la colocación de una sonda de esofagostomía / gastrostomía  o yeyunostomía a través de la cual se encargarán los propietarios de la alimentación en casa, ya que la vuelta a la ingesta voluntaria lleva en torno a 2 – 3 semanas. Una vez que coman voluntariamente todos sus requerimientos energéticos necesarios diarios, la sonda se mantendrá de 3 a 7 días por la posibilidad de recaídas.

Durante todo este proceso, mientras se implementa cualquier tipo de nutrición enteral, se deberá ofrecer alimentación oral al tener que empezar a comer por sí solo, y bajo ningún concepto se forzará (mayor estrés e incluso puede provocar aversión a la comida).

Durante todo su proceso hospitalario necesitarán tratamiento específico según los signos clínicos presentes (antieméticos, procinéticos, antipiréticos, etc.), antibióticos de amplio espectro para evitar la colonización hepatopancreática de bacterias intestinales, suplementación con antioxidantes (ej. SAMe), suplementación con Vit B12 si tienen signos gastrointestinales o si sus mediciones se encuentran por debajo de los límites de referencia, Vit K si los tiempos de coagulación se encuentran alterados u otros tipos de nutrientes según necesidades (L – carnitina, taurina, tiamina, Vit E, etc.), aunque de estos últimos no hay evidencias claras de que sean necesarios en cuidados intensivos felinos, puesto que además son nutrientes presentes en las dietas que se administran de forma habitual.
Los estimulantes del apetito no están indicados inicialmente, ya que su alteración en la metabolización hace que la dosificación y los efectos secundarios sean impredecibles,  no reanudando la ingesta voluntaria de forma fiable.

Pronóstico

El hígado es un órgano con una impresionante capacidad de regeneración, para lo cual necesita: eliminar lo que daña, mantenerlo oxigenado y dar tiempo para que regenere.

Cumpliendo estas premisas, cuando se recuperan, es raro que recurra y la mayoría muestran una recuperación total.

Es muy importante tras la recuperación vigilar la dieta y que se procure realizar cierto ejercicio, para evitar a volver a tener sobrepeso y estar predispuesto a desarrollarlo en futuros eventos que impliquen de nuevo periodos largos de ayuno.

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